31 octubre 2011

El más honrado de Washington.

En 1980, Bill Niskanen ocupaba el flamante cargo de economista jefe de Ford, una de las históricas compañías del país. La firma, en un movimiento que hubiera enervado a su fundador, intentó entonces que el Gobierno federal, en la fase final de la Administración de Jimmy Carter, aprobara una legislación restrictiva para frenar la inevitable expansión de los coches japoneses.

Niskanen, contra el consejo de compañeros y amigos, se opuso frontalmente a la dirección, asegurando que en la sociedad, «el compromiso de abstenerse de solicitar favores especiales tiene la misma función económica que el compromiso de absternerse de robar». Y exigió a sus superiores que cambiaran de actitud o de negocio. Evidentemente, no duró mucho.

Fue el final de su carrera entre los grandes de Detroit, pero el inicio de otra que le llevaría a ser el presidente del Consejo de Asesores Económicos de Ronald Reagan, uno de los padres del Reagonomics, y presidente, durante más de dos décadas, del Cato Institute, el think tank liberal más conocido de Estados Unidos.

Niskanen nació en 1933, el año de la llegada al poder de Franklin Delano Roosevelt, padre del New Deal y de las ideas que combatiría durante buena parte de su vida. Educado entre Harvard y la Universidad de Chicago, Niskanen ocupó durante su carrera diferentes puestos tanto en la Administración como en empresas privadas y diversas universidades (como Berkeley, que dejó en 1975 para fichar por Ford).

En los 60 fue uno de los analistas del Departamento de Defensa, en la escuela de the best and the brightest que creó Robert McNamara, el célebre secretario de Defensa de Kennedy que intentó cuantificar y profesionalizar la política exterior y de seguridad. Era la década de la Gran Sociedad y la fe en el poder del Estado. Los años del «no preguntes qué puede hacer tu país por ti sino qué puedes hacer tú por tu país». Y él no se sentía cómodo.

En 1971 publicó Burocracia y gobierno representativo. La obra no le hizo célebre, pero empezó a sentar las bases del movimiento que acabó llevando a Reagan a la Casa Blanca.

Mucho más relevante fue Reagonomics, publicado en 1988. En él, el autor analizaba con precisión y detalle el «intento más serio desde el New Deal de cambiar el curso de la política económica de Estados Unidos». Un intento cuya influencia se siente todavía hoy, pero que, para Niskanen, no supuso una «revolución», pues «ni los principales programas federales ni casi ningún organismo fueron abolidos».

En 1985 dejó su cargo. Pudo escoger entre las mejores universidades, empresas o incluso en otros puestos del Gobierno, pero eligió el Cato Institute, que durante su presidencia (hasta 2008) ganó en popularidad, recursos e influencia.

Hace unos meses, el día de su 78 cumpleaños, Larry Summers, ex presidente de Harvard, secretario del Tesoro con Clinton y ex asesor cercano de Obama, le envió una felicitación con un mensaje que define a la perfección a Niskanen: «para el hombre más honesto de Washington».

Durante los 80 y los 90 Niskanen se labró en efecto la fama de ser «brutalmente honesto» en los círculos de poder. Por su preocupación por los datos y su facilidad para poner en evidencia a sus rivales, pero también a sus amigos, cuando la realidad demostraba sus errores.

Niskanen y el Cato desconfiaban del poder. En lo económico y en lo social, oponiéndose con inquebrantable firmeza a subidas de impuestos, a guerras (como Irak o Afganistán) o a la ilegalización de las drogas.

En mitad de la crisis actual, en 2009, instó a Obama a no repetir los errores de los años 30 para no «convertir una recesión en una depresión». Pero criticó también a los más populistas de entre los conservadores por sus críticas y demagogia, «insostenibles desde el punto de vista económico».

El pasado mes de septiembre Niskanen fue operado del corazón. La rehabilitación iba bien pero hace unos días sufrió un ataque del que ya no pudo recuperarse. En su despacho dejó tres cuadros. De Adam Smith, Charles Darwin e Isaac Newton. Los maestros que le guiaron en su afán de comprender el mundo sin dogmas, a través de la libertad, la evolución y la ciencia.

William A. Niskanen, economista, nació el 13 de marzo de 1933 en Bend (Oregón, EEUU) y falleció el 26 de octubre de 2011 en Washington D.C.

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