17 septiembre 2012

Desafiando al poder

La resistencia, con sus múltiples formas de desobediencia constituye un desafío al poder, una manera de agarrarse a las solapas del adversario para intentar abatirlo. Por contra, la huida es un modo de evitar el choque, de escapar al poder sustrayéndose incluso físicamente de su alcance. Asímismo, la huida conlleva sufrimiento, pero se trata de un sufrimiento distinto, de índole más moral que material, el de verse apartado del propio entorno, el de sentirse desarraigado. La resistencia puede llegar al resultado de derrocar al tirano. 

La huida lo debilita pero le permite sobrevivir. La resistencia es más eficaz, pero su éxito es menos cierto. La huida es menos eficaz, pero el objetivo que pretende, que no consiste en derrocar al tirano sino en escapar de él, es más seguro. En general, la resistencia tiene casi siempre una connotación positiva y se asocia con la virtud del valor. A quien practica la resistencia se lo exalta o se lo execra como un rebelde. Quien huye asume la calificación, menos loable y menos execrable, de prófugo, después de haber sido, a veces, un fugitivo. Pero hay huidas y huidas: existen la huida frente al enemigo y la huida frente al déspota.

La primera constituye para el enemigo una victoria. La segunda es para el enemigo una derrota. Para el enemigo, puentes de oro, se dice en tiempo de guerra. Sin embargo, cuando es el ciudadano el que huye, los puentes de la ciudad se alzan para impedirle la fuga. 

Estos días hemos visto muchas veces la escena de los guardias que pretenden retener por la fuerza a los que intentan escapar saltando la valla de la embajada hospitalaria. La huida militar suele considerarse un acto deshonroso. La huida política, no. La huida de los soldados apresados por el enemigo es una fuga masiva y puede adquirir en determinadas circunstacias el aspecto de un fenómeno de multitudes, el de la multitud que huye a causa de catástrofes naturales que producen pánico, tales como la erupción repentina de un volcán, un terremoto o unas inundaciones. Sobre este tipo de huida se detiene especialmente Canetti: «La masa que huye viene determinada por la amenaza. La gente huye junta porque así se huye mejor. 

La energía de unos acrece la -de los demás», porque «mientras las personas siguen juntas, el peligro se percibe distribuido entre todas». Tanto la resistencia como la huida pueden ser fenómenos individuales o colectivos. Mientras que la resistencia es más frecuentemente un fenómeno colectivo, la huida política (no la militar) suele ser un fenómeno individual o de pequeños grupos. 

El autor de un libro famoso dice en primera persona: «He elegido la libertad». Quienes eligieron el voluntario exilio durante el fascismo en los primeros años de la instauración de la dictadura, o con la creación de leyes racistas, fueron individuos aislados, solos o acompañados de algún familiar.

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