17 octubre 2012

Dave Stewart es intocable

Todo era fiesta y colorido. Reinaba un excepcional ambiente y los aires de revancha se respiraban en cada uno de los rincones del Candlestick Park, sede de los San Francisco Giants. Los 58.000 espectadores que abarrotaban las gradas ped√≠an cumplida venganza deportiva ante los rivales del otro lado de la Bah√≠a, los Athletics de Oakland, que venc√≠an por dos victorias a cero. Entonces todo se puso a temblar. Los propios espectadores mantuvieron la calma, aunque muchos de ellos no se enteraron hasta que vieron los coches de polic√≠a y las ambulancias sobre el c√©sped. Afortunadamente el estadio resisti√≥ el terremoto de 6,5 grados en la escala de Richter y se evit√≥ as√≠ una tragedia. No obstante, se produjeron algunas grietas que obligaron al aplazamiento del tercer partido. Algunos jugadores, incluso, pretend√≠an la suspensi√≥n de las Series en se√Īal de dolor. Fay Vincent, comisionado de la Liga, dijo que su postura era la de contribuir «con el modesto juego del b√©isbol» a que la comunidad supere los efectos del drama vivido. En los dos primeros partidos, Oakland hab√≠a demostrado una absoluta superioridad sobre San Francisco, lo que deja patente que los Athletics son el mejor equipo del campeonato. En el primer partido todo lo hicieron bien. Dave Stewart, un lanzadorabridor, fue intocable durante las nueve entradas que estuvo sobre el mont√≠culo.

Ni Will Clark, primera base y estrella de los Giants, pudo hacer da√Īo con el bate. Los visitantes sufrieron otra humillaci√≥n en el segundo partido. Oakland, en otro recital de oportunismo y fuerza con el bate, logr√≥ un triunfo claro por cinco carreras a una. Ambos equipos llegaron a las Series tras ganar los respectivos banderines de campeones de la Liga Nacional, los Giants de San Francisco, y de la Liga Americana, los Athletics de Oakland. Los Giants, con un hombre destacado sobre todos los dem√°s, el primera base Will Clark, jugador m√°s valioso (MVP) de la serie, superaron en la final a siete partidos de la Liga Nacional a los Chicago Cubs, por 4-1. Los Athletics consiguieron el mismo tanteo frente a Toronto Blue Jays, en la final de la Liga Americana, con el jardinero izquierdo Rickey Henderson convertido en el MVP de la serie. Pero si las finales de Conferencia fueron interesantes, para la mayor√≠a de los aficionados del primer deporte de este pa√≠s las jerarqu√≠as se establecen en las Series Mundiales. Los Athletics, que llegan a ellas por segunda vez consecutiva, una haza√Īa que no se repet√≠a desde 1978 con los Yankees de Nueva York, han demostrado ser favoritos sobre los Giants. Pero el a√Īo pasado tambi√©n lo eran ante Los Angeles Dodgers y perdieron 4-1.

Ahora a los Athletics les tocar√° ganar, si es que quieren convertirse en un equipo tan m√≠tico como fue la imparable «big red machine» (gran m√°quina roja), los Reds de Cincinnati, en los a√Īos 70. Otro de los alicientes de las Series Mundiales es que los dos equipos est√°n localizados a muy pocos kil√≥metros de distancia, en ciudades separadas por solo un puente. Pero Oakland y San Francisco son tan diferentes que parecieran estar en distintos confines del mundo. San Francisco es la ciudad glamorosa del «Golden Gate» (puerta de oro), con una reputaci√≥n de gente blanca y mentalidad de izquierda, pero con el nivel de vida m√°s alto de todo Estados Unidos. Sus calles empinadas, casas millonarias y ambiente bohemio la convierten, junto con Nueva York, en el centro mundial preferido por los artistas, m√ļsicos y genios de la moda. Oakland es todo lo contrario. Una t√≠pica ciudad «blue collar» (trabajadora) llena de industrias, casas humildes y medios masivos de transporte p√ļblico. Es m√°s conocida aqu√≠ por sus cr√≠menes que por su belleza.

Las Series Mundiales ahondan mucho m√°s en estas diferencias. Como dijo Tony Phillips, segunda base de los Athletics, «nuestro equipo est√° formado por profesionales, pero tambi√©n por representantes de toda la ciudad». En los Giants pasa lo mismo y las Series ser√°n el «american way of life», enfrentado a la cruda realidad del paro y la crisis. Pero aunque existen grandes diferencias con relaci√≥n a la personalidad de las dos ciudades, tambi√©n se dan aspectos que las unen y las convierten en dependientes la una de la otra. San Francisco necesita el puerto de Oakland y su fuerza laboral. Oakland la reputaci√≥n de ciudad internacional de primera clase que tiene San Francisco. Y, en medio de las dos y comparti√©ndolas, la Universidad de Berkeley.

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