04 octubre 2012

La moda es para los entendidos

La extremada delicadeza de Chanel viste a la mujer con una sutil evocación de la marina imperial rusa: botas, gorros de piel, cinturones de malla dorada y chaquetas de cuatro bolsillos con solapas. La noche obliga al punto negro de seda, la muselina negra o a los sastres pantalón de terciopelo de seda con puños de lamé. 

Los grandes abrigos de la mujer Chanel -deslumbrante riqueza de color, del rojo al rosa, del verde aguacate al chocolate, del azulón al morado, y que incluye estampados de leopardo- son el arquetipo de la mujer-feliz. Los hombres de este diseñador se enseñorean de blanco -en prendas sport- y una espectacular vuelta al abrigo en piel negra, emulación paramilitar. Dobles botonaduras y diplomáticos sobre camisas negras, larguísimas chaquetas en terciopelo granate o cachemir natural. Hombres casi militares, casi mafiosos, casi dandis. El hombre Armani es, o muy elegante, y vuelve al diplomático, o se decanta por el más ecológico sport: panas, canalé y pieles.

Las mujeres de Roberto Verino apuestan por el color: naranjas tostados, verdes caídos del musgo, marrones de la tierra e incluso rojo entre cereza y melocotón. Pedro del Hierro añade verdes militares, marrones castaña, malvas y grises azulados en tejidos que juegan suavemente con los relieves, calados y efectos guatiné.

Un otoño-invierno para mujeres románticas según Del Hierro, inquietas para Loewe e intrépidas en Verino. Nada cambia hasta descubrir que no se lleva, justo, lo que se sabe debería llevarse. Temblor de conocimiento, de gusto, de marca.

Elena Benarroch ofrece esa otra piel que nadie se atreve a nombrar, un juego de «trampas al ojo», que nos enseña abrigos livianos, visones despinzados y efectos canalé sobre tonos naturales. Piel tratada como el jersey de seda o de cachemir. Para hombres, el abrigo de cachemir negro, los 3/4 de napa negra y panas de canutillo grande en azules oscuros. Ultimos coletazos en la versión de Loewe, de Morago o de Mercader. Hombres que quieren estar guapos, sin necesidad de sermones sobre moda, sea de los 70 o los 80.

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