09 octubre 2012

Lo último que vió la reina de Francia

La carreta se detiene en la Plaza de Revolución, ahora de la Concordia. La condenada se levanta. Sansón, bien asida la cuerda que le ata las manos, la precede.

Los zapatos negros de tacón alto de la ex reina suben los escalones de tabla como si mármol de Versalles fueran.

Sansón la coge por la espalda:

Un diestro empujón y la cabeza cae sobre el tablero; un tirón y la cuchilla un relámpago, un solo golpe sordo secciona el cuello como mantequilla caliente. Sansón levanta la cabeza a los cuatro vientos y diez mil bocas gritan: «¡Viva la república!», dispersándose rápidamente, pues ya son las doce y cuarto, la hora de la comida.

La maltrecha cabeza y el mutilado cuerpo desaparecen en cualquier fosa común. En el cerebro muerto de la viuda de Luis Capeto quizás quedara, como un chispazo, el recuerdo de una audiencia dada años antes por su marido, Luis XVI de Francia, a un hombre bajo y elegante, cuyo nombre..., a ver si me acuerdo..., ah, sí: se llamaba doctor Guillot.

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