27 diciembre 2012

Nueva York y su público

Torpedeado por la crítica, hundido por el público, el musical Titanic salió milagrosamente a flote en la noche de los Tony Awards, los Oscar del teatro. Cinco grandes premios, cinco, para la obra maldita que a punto estuvo de naufragar incluso antes de salir de puerto, tan nefastos eran los presagios de mar gruesa.

El triunfo inesperado de Titanic (mejor musical, mejor libreto, mejor partitura, orquestación y diseño escénico), un musical basado en el naufragio, en 1912, del trasatlántico del mismo nombre que contó con un presupuesto de unos 1.400 millones de pesetas, dice bien poco a favor de la nueva temporada de Broadway, que el año pasado vivió un fugaz espejismo con dos obras que -decían- iban a revolucionar de una vez por siempre la imagen rancia y cursi del musical.

Ni Rent, ni Bring in Da Noise, dos espectáculos rabiosamente jóvenes, han conseguido crear escuela. Este año, más de lo mismo. Haciendo sombra a Titanic, un vodevil rescatado del túnel del tiempo: Chicago, seis premios menores para sus muchas piernas, muchas medias negras y muchísimas carreras.

Chicago, que se estrenó por primera vez hace más 20 años, obtuvo el Tony a la mejor restauración en comedia musical además de premios a la mejor actriz, Bebe Neuwirth, y al mejor actor, James Naughton, y mejor director, Walter Bobbie.

El premio a la mejor obra dramática recayó también sobre otro reestreno, Doll's House, con la actriz Janet McTeer comiéndose literalmente la escena.

En dique seco se quedaron las tres favoritas de los críticos: Steel Pier, una historia industrial y romántica ambientada en la era de la depresión; Jekyll y Hyde, en versión rockera y neogótica, y The Life, la vida no demasiado ejemplar de una prostituta drogadicta.

GRAN PLAGIO.- La noche de los Tony, plagio empalagoso de la ceremonia de los Oscar, reunió en el Radio City Hall de Nueva York a lo más granado del teatro neoyorquino. Ofició como maestra de ceremonias la oronda Rosie O'Donnell, amor compartido de Hollywood y Broadway (no hace mucho pudimos verla en la versión teatral de Grease, aunque su cara resulte más conocida por su interpretación de Betty en Los Picapiedra). La aparición más sonada, la de Liza Minnelli, abriendo la caja de los grandes premios.

A falta de un caballo favorito, las apuestas se decantaron pronto por Chicago (mejor revival). Hasta que emergió el Titanic, cuando nadie lo esperaba, y se llevó uno tras otro hasta cinco Tony.

El libretista Peter Stone, que renunció a la dimensión épica del naufragio por un acercamiento intimista y personal, abrazó con fuerza el premio y lanzó un dardo envenenado a la crítica: «¿Qué habría sido de la obra sin todo vuestro apoyo?».

MALA PRENSA.- Nunca una obra con tan mala prensa consiguió cosechar tantos Tonys. El estreno de Titanic se pospuso varias semanas para introducir dramáticos retoques, tras el primer y negativo visionado de la crítica (oficialmente, el retraso del estreno obedeció a problemas internos en el montaje).

La obra tampoco mereció el beneplácito del público y comenzó a languidecer al mes escaso. Los más optimistas le daban vida para no más allá de septiembre, cuando cae el telón del otoño para los shows fracasados.

Con los cinco Tony, sin embargo, Titanic puede tener por lo menos fuelle hasta finales de año (cuando está previsto el estreno en el cine del otro Titanic, la película más cara de la historia).

En los pasillos del Radio City Hall, todo eran elogios y desquites para la obra, que no es ni era tan mala como la pintan...

«He hablado con 20 votantes, y 17 se han inclinado por Titanic, confesó Jim Freydberg, uno de los productores más cotizados de Broadway. «La unanimidad ha sido absoluta y yo también estoy de acuerdo con ellos: todo el mundo que la ha visto, que desgraciadamente no ha sido mucho, coincide en señalar que se trata de una pieza valiente, distinta y exquisita».

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