14 mayo 2013

El rock y su relación con el satanismo


¿Tommy de los Who?: Una metáfora blasfema de Cristo. ¿Mick Jagger? Un consagrado al demonio gracias a la acción de las brujas, Marianne Faithfull y Anita Pallenberg. ¿El «beat»?: un modo de exasperar el instinto sexual. ¿El término rock & roll?: la descripción de dos movimientos del cueipo humano durante el placer sexual en la parte de atrás de un automóvil. 

El rock huele espantosamente a azufre. Una densa nube envuelve tres décadas de música inglesa y americana y milagrosamente deja libre de íncubos y súcubos el resto del mundo civilizado que de forma pasiva, sin embargo, es víctima del Gran Satanás. Satanás que no es en este caso el eufemismo huseiniano de Georges Bush, sino el que con gesto sonriente y exorcismo fulminante ha combatido toda su vida el padre Corrado Balducci, demonólogo, y máximo experto en posesión diabólica. 

¿Qué tienen en común Elvis Presley y Graham Nash, Sting y Led Zeppelin, los álbunes Sergeant Pepper's y Hotel California, Eric Clapton y Alice Cooper, Pete Townshend y Ozzy Osbourne?. Monseñor Balducci despeja en su libro Adoradores del diablo y rock satánico la incógnita: quien más y quien menos, de forma subliminal o descarada, afinando acordes o arrojando al público murciélagos, utilizando la bandera inglesa como chaqueta o frecuentando la plácida compañía de Carlos Castaneda, todos contribuyen a extender los dominios del Principe de las Tinieblas.

Esta singular constatación se basa en un sinfín de pruebas: desde el texto fundamental Rock and Rol!, escrito por J.P. Regimbal, que analiza con minuciosidad todas las ocasiones en las que el maligno se insinúa en el rock, sea éste acid, hard, o soft, hasta las dos biografías escándalo de John Lennon y Elvis Presley escritas por Albert Goldmann, sin pasar por alto las serias declaraciones de un divertidísimo Alice Cooper que asegura que «el espíritu me prometió a mí y a mi grupo musical el dominio del mundo a través de la música rock, me prometió riqueza en abundancia. Lo único que pidió a cambio fue mi cuerpo, a fin de que este espíritu pudiera poseerme. 

A cambio de la posesión de mi cuerpo me he vuelto célebre en todo el mundo». No hay demonio o demontre que se esconda entre los pliegues de las palabras del rock que Monseñor Balducci no descubra. Convencido sostenedor de que las canciones de Pink Floyd y de los Eagles, de Paul Mc Cartney y los Clash están infestadas de mensajes subliminales que llegan al subconsciente e incitan a cumplir los crímines más nefandos -homicidio, incesto, blasfemia, criticismo ante la policía son algunos de ellos, nuestro eficiente demonólogo destruye el Plan Infernal dejando en cueros a su enemigo, es decir, escribiendo claramente donde anida con más frecuencia.

Sorprendentemente el Malo prefiere la ELO (Electric Light Orchestra): Eldorado y Secret Messages contienen mensajes subliminales, grabados a baja frecuencia donde se susurran frases como «Gracias por escucharnos» y «Bienvenido al espectáculo, bienvenido al espectáculo Satan, haz un pacto». ¿Alguien creía que el angélico Michael Jackson no formaba parte de la lista? Monseñor Balducci le desengaña inmediatamente: en Beat it se escucha «Yo creo que Satanás está realmente en mí». Lo mismo vale para los acústicos Eagles, pescados in fragranti mientras en Wasted Time cantan: «Tengo un pensamiento del demonio», además de otras incomprensibles afirmaciones en Hotel California. 

El autor del libro sin embargo, no comparte plenamente una de las tesis propuesta por el atribulado Regimbal que para escribir su Rock & Roll se ha sometido sin anestesia a la escucha de todo Ozzy Osbourne, Meat loaf, Styx, Queen, Black Sabbath, Iron Maiden, Rush, Kiss, Megadeth y Possessed entre otros. Dicha tesis consiste en que el inconsciente puede no sólo captar una frase enunciada al revés, sino que puede tambien descifrarla. incluso en el caso de que esta frase pertenezca a una lengua desconocida. Naturalmente los poderes de Belzebú son imnumerables pero la traducción simultánea y al contrario al inconsciente, todavía, según insinúa Monseñor Balducci, todavía, no se encuentra entre ellos. 

Mick Jagger, como era de esperar, con un currículum que haría palidecer de envidia al mismo Astaroth, se adjudica la palma del endemoniamiento: sacerdote satánico, seguidor del padre del satanismo moderno, Alistair Crowley y miembro de la «Golden Dawn», además de transgresor, amoral, y cantor de las hazañas del Enemigo en Sympathy for the Devil, Dancing with Mr. D, To Their Satanic Majesties e Invocations of my Demon, entre otras melodías. Así, entre otros descubrimientos insospechados figura el de que el nombre del grupo AC/DC no significa «Alternative Current/ Direct Current», sino «Anti-Christ/Death to Christ».

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