27 noviembre 2013

Cuando no sabíamos que Ricky Martin era maricón

Como en la canción de moda, Ricky Martin se fue a New York City, a la torre de un hotel, y desde allí pudo ver las enormes colas, que no eran precisamente para ver La guerra de las galaxias: Episodio I, sino para comprar su disco en una tienda cercana. Lo estaban esperando miles de fans para gritarle a la cara: «Guapo, We love you!».

Confirmado: Ricky Martin le ha robado la fuerza a Obi-Wan Kenobi. El ídolo puertorriqueño ha irrumpido a lo Han Solo en el remedo de La guerra de las galaxias y les ha puesto a todos a bailar Livin/ la vida loca.

Más de 660.000 discos vendidos en una semana, el nuevo himno nacional de Estados Unidos.

Rumor a voces: Ricky Martin está en conversaciones con George Lucas para suplantar a Ewan McGregor en el Episodio II. La insulsa reina Amidala, por aclamación popular, será sustituida por la marchosa María, una pasito pa'lante, un pasito pa'trás.

Ahí tenemos pues a Ricky Wan-Kenobi, encaramado por partida doble a las portadas de Time y de Interview, arrasando día y noche en la MTV, capaz de cantarle la copla en spanglish a la mismísima Monica Lewinsky en Saturday Night Live: She's livin/ la vida loca/ Tú cierras los ojitos/ y te dejas arrastrar.

El presidente y Hillary no la tardarán en bailar. El candidato Al Gore, que tanto le dio a la Macarena, está pensando en convertirla en su bandera electoral (mentira). El caso es que los gringos, tan tiesos, están aprendiendo a soltar las caderas y a dejarse tentar por la vida loca, que nadie traduce ya como the crazy life.

El bombazo americano de Ricky Martin tiene mucho de hype o hinchazón comercial, pero ni en sus mejores sueños los magos del marketing se imaginaban que podía llegar tan alto y en tan poco tiempo:

Ricky se ha aupado hasta el número 13 en la lista de los discos más vendidos en Estados Unidos a la semana de su lanzamiento (por delante de los imparables Michael Jackson y Madonna).

Ricky tiene todos los boletos para fijar un nuevo récord de permanencia en el número uno de singles con Livin/ la vida loca.

Ricky ha conquistado definitivamente el corazón y la cartera de los estadounidenses, rendidos ya ante la invasión del latin pop: Enrique Iglesias, Jennifer Lopez, Marc Anthony, Shakira, La India, Elvis Crespo y tantos otros.

El imperio sucumbe ante los ídolos llegados de otro planeta. Les obliga a cantar en inglés, eso sí, pero ellos se aprovechan y contraatacan en spanglish: Hola amiga, hola amiga/ you are my temple of desire.

Seguimos por supuesto con Ricky y lo perseguimos mentalmente por Nueva York, Los Angeles, Miami y otros terrenos conquistados en apenas dos semanas: «Mi vida ahora sí que es loca, loca. Siempre quise llegar a lo más alto, pero nunca imaginé esta reacción de los estadounidenses. Ahora bien, una cosa les quiero decir: no estoy aquí para pasar de moda en cuanto acabe el verano. Tengo la firme voluntad de volver, al cabo de 10 años, y que la gente me siga respetando».

No era del todo desconocido Ricky para el gran público gringo. Astutamente, el puertorriqueño se fue introduciendo disfrazado de actor secundario, en Los Miserables de Broadway y en la serie Gran hospital.

De modo que su rostro era lejanamente familiar, aunque muchos ignoraban que aquel jovenzuelo cantaba en español en sus ratos libres y llenaba de nenas el Madison Square Garden y hacía temblar los cimientos del cercano Empire State con su tabla de movimientos pélvicos.

Ricky triunfaba en los cinco continentes, apuraba La Copa de la Vida durante el Mundial de Francia y los estadounidenses, tan suyos, ni se enteraban. Pero el boricua se la tenía guardada: disco en inglés, dúo con Madonna, campanazo en la fiesta de los Grammy.

Allí empezó a soñar con ser campeón y a escuchar el grito, hasta entonces inaudible, de su voz interior: Go, Go, Go!...

«A la gente, para que te entienda, tienes que hablarse en su idioma, por eso me lancé con el inglés, para ensanchar las fronteras. Pero nunca dejaré de cantar en español, que es la lengua de mi madre y, sobre todo, estoy muy orgulloso de ella. Incluso en el disco en inglés no he querido renunciar a ella, porque el mensaje en el fondo es ése: donde quiera que vayas, sé tú mismo, exprésate y no tengas miedo».

No tiene miedo Ricky Wan Kenobi a perder la fuerza, que para él no es otra cosa que el equilibrio vital, nada que ver con la vida loca.

Una hora de yoga y meditación todas las mañanas. Un paréntesis en el espacio y en el tiempo para cantarse a sí mismo, escuchar el eco y salir fortalecido. Fue la primera lección que recibió del maestro Qui-Gon Jin en La guerra de las galaxias: Episodio I: «Aprende a disfrutar del momento, Ricky, no cedas nunca a la amenaza del fantasma que es tu propia fama».

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