03 enero 2014

Kim Basinger quiere tener siempre 20 años

Van pasado muchos años -nada menos que 23- desde aquella Kim Basinger de las fresas y la nevera de Nueve Semanas y Media (1986, Adrian Lyne), pero conserva intactas la mirada de hielo y la belleza que la convirtieron en el mito erótico de los 80. Saluda con candor, con un leve apretón de manos, que enfatiza apoyando la otra encima. Lleva una chaqueta ligera sobre los hombros, y todo ello le imprime un cierto carácter de señora mayor, aunque a sus fantásticos 55 todavía esté lejos de serlo. Su comportamiento es un tanto excéntrico, y se echa reír a carcajadas con cada ocurrencia.

Acomodada en una butaca de la habitación de un hotel de Beverly Hills, y ante la atenta mirada de sus fieles asistentes, la actriz de Georgia confiesa estar atravesando un momento de cierto desdén por el cine, motivado en parte por la huelga de guionistas y por un lento declive en su carrera que parece no molestarle demasiado.

Ahora está más metida en otros asuntos: se ha convertido en la nueva imagen de Retinology, un tratamiento antiedad de Lancaster, a pesar de que confiesa con despreocupación que lo de la edad no le preocupa en exceso. Y cuando dice esto, es imposible no recordar su ajetreada biografía, desde sus comienzos en Hollywood hasta su bancarrota en 1993, tras comprarse un pueblo en Georgia; sin olvidar su sonado divorcio con el actor Alec Baldwin, con una batalla legal por su hija Ireland que dio la vuelta al mundo por sus escabrosos detalles.

Es imagen de un producto que intenta prevenir el paso del tiempo. ¿Le tiene miedo a lo que pueda llegar?

KIM BASINGER. Mentiría si no dijera que tengo miedo a la muerte. Hablo mucho con psicólogos sobre esto, y me parece un tema muy interesante. Pero nunca he tenido un plan sobre el envejecimiento. Sólo pretendo vivir cada día, intentando no pensar en el futuro y, menos aún, en el pasado. Si te mantienes en el presente, te haces un gran servicio a ti mismo. También le mentiría si no dijera que pienso en el hecho de hacerme mayor, pero, en realidad, todos estamos en la misma esfera, y ves que la vida se va tan deprisa que te das cuenta de que no hay tanta diferencia de edad entre nosotros.

Todo depende de cómo lo mires...

Gran frase. Podría haber hecho usted mismo la entrevista (dice soltando una risa sonora que contagia al resto de la habitación).Tiene la respuesta justa y mucho más rápido que la mía. Pero quiero decirle algo: La vida no es un destino, es un viaje. Eso es algo en lo que creo muy firmemente.

¿Qué se trae entre manos estos días, en cuestiones de cine?

Perseguida, un thriller con Lukas Haas. Salió hace unas semanas, pero por un tiempo muy limitado, en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, y Boston. Después estaba Texas Lullaby, un proyecto con Jeff Bridges que se quedó atrapado por la huelga de guionistas y que ha sido un caos. Tengo un par de películas que salen ahora, The Informers (2009, Gregor Jordan) y Lejos de la tierra quemada (2008, Guillermo Arriaga. Se estrena en España el 13 de marzo).Tengo varios proyectos en puertas, pero con todas las huelgas no sé cuándo volveré a trabajar.

Con todo ese caos, ¿en qué punto diría que está su carrera?

Creo que comienza una nueva etapa. Antes sentía que era imperativo que mi hija tuviera estabilidad, su colegio, sus amigos, su casa.Ahora, con 13 años, está lista para viajar de nuevo conmigo, y eso abre un gran abanico de posibilidades, ir a otros países, aprender otros idiomas...

¿Siente la presión de haber perdido protagonismo en la cartelera?

No, aunque es cierto que no estoy donde solía estar, pero tampoco quiero volver allí. Estuve y fui muy afortunada, muy querida, con muchas bendiciones. Pero sería muy triste cumplir 50 años y querer tener 20 otra vez.

¿Cómo hizo para digerir la transición?

Mucha gente no lo asume de la misma manera. Nuestra ocupación se centra mucho en lo que fuimos y en nuestra belleza. Entonces éramos increíbles, y todos los chicos nos miraban cuando entrabas en una habitación pero, afortunadamente, cambias. De lo contrario sería agotador.

Entonces, ¿no ha sufrido nunca el complejo de Norma Desmond, de querer ser la estrella a perpetuidad?

No, pero estoy segura de que mucha gente en esta profesión lo padece. Yo me siento ya vieja para someterme a operaciones de cirugía plástica, aunque eso no quita para que quiera seguir viéndome guapa cuando me mire en el espejo, para que alguien me quiera algún día, espero. Me gustaría seguir siendo atractiva hasta los 80 años, si es que llego. Pero no deseo que siga sonando dentro de mi cabeza esa estúpida voz que siempre te está diciendo que no eres lo suficientemente buena, que estás demasiado gorda, o demasiado flaca. ¡Que se calle de una vez! Tampoco piense que no tengo miedo de sufrir momentos bajos, de hecho los tengo, pero no me dejo cocinar a fuego lento por la angustia. Puede ser sólo un instante pasajero. Después, me digo a mí misma: ¡reacciona!

¿Conseguir buenos papeles depende mucho de la belleza?

Hay otros elementos. Los papeles te llegarán si trabajas duro.

¿Pero ser una belleza poco habitual le favoreció en sus inicios?

Te puede ayudar a abrir puertas, y a conseguir unas cuantas citas, especialmente con esa clase de gente que se vuelca con la sangre nueva que llega a Hollywood. Pero, en realidad, siempre se trata de un duro camino por delante, porque al principio nadie quiere escucharte y no están interesados en lo que tienes que decir.Sólo eres visto desde fuera. Y únicamente el tiempo y la experiencia te hacen superar eso y el saber quién eres de verdad y quién no.

Cuenta la rumorología de Hollywood que rechazó papeles como Instinto Básico (1992, Paul Verhoeven) o Durmiendo con el enemigo (1991, Joseph Ruben). ¿Se arrepiente de no haber aceptado guiones que la hubieran podido transportar a otras categorías en su carrera?

Debería pegarme un tiro por haber tomado esa decisión, porque en lugar de hacer Durmiendo con el enemigo protagonicé Ella siempre dice sí, con un hombre llamado Alec Baldwin (su ex marido), así que acabé durmiendo con el enemigo de verdad (vuelve a reírse con ganas). Si hubiera hecho la otra película, la historia nunca se hubiera escrito tal y como la conocemos

Pero, en general, ¿está satisfecha con su carrera?

Cada papel que he interpretado ha sido una bendición, menos Ella siempre dice sí. No, estoy bromeando, esa también lo fue. Todo ocurre por un motivo, y gracias a esa película tengo un ángel de 13 años (su hija Ireland).

Cuentan que dio muchas vueltas antes de llegar a estar donde quería.

En realidad, a mí me han llamado de todo. Me fui a Nueva York y me contaron que era demasiado sexy para ser modelo, y le saqué mucho dinero al asunto pese a todo. Después me dijeron que fuera a Hollywood, y también que mis labios eran demasiado gordos, y me tuvieron esperando un tiempo, hasta que empecé con las películas de chica Bond que me fueron llevando hasta donde estoy.

Con el Oscar por L.A. Confidential (1997, Curtis Hanson) puso fin a las críticas que la tachaban de actriz mediocre.

Hacerse con ese premio es la más gloriosa experiencia que puedes llegar a vivir. Es tan surrealista que nunca te sobrepones del todo. Yo todavía no lo he conseguido. Aún no me lo creo. Pero lo cierto es que viví esa noche, y que logré ganar el premio estando mi padre vivo, y para mí eso es lo más importante. Y, desde luego, si hay algo que te reporta un Oscar es hacer que sea muy difícil encontrar otro papel igual de bueno.

¿Considera que esa cinta es lo mejor que ha hecho en su vida?

Creo que no, aunque suene contradictorio. Ha habido guiones que han tenido mucha trascendencia en mi carrera y mucho éxito, por distintos motivos. Pero si me empuja a decidirme por una película, hay una que me llevó a un sitio muy doloroso donde me hacía falta ir para interpretar el papel, que es Una mujer difícil (2004, Tod Williams). Nunca vi la película, pero sé que Jeff (Bridges) y yo hicimos el trabajo, y no porque nadie nos lo dijera. Fue un trago duro, pero estoy muy orgullosa de ese papel en particular.

¿Siente que tiene todavía mucho que decir?

Todo está dicho ya, aunque hay siempre posibilidades de contarlo de otra manera. Me encantaría rodar una comedia, cantar, bailar, o algo escandaloso en lo que nadie me haya visto, pero no sé qué. Puedo ser un burro en una película, usar voces que no he empleado hasta ahora, meterme en un grupo con mujeres, o yo con un amante, o qué sé yo (recita de nuevo en una retahíla histérica sin control). Creo que hay mucho que hacer. Y quiero recorrer caminos que no se hayan explorado antes. Pero, de momento, no tengo más planes que mis campañas por las personas que pasan hambre y mis causas por los animales y por los mayores.

Hay mucha gente pasándolo mal ahí fuera, especialmente con esta crisis galopante, y usted de eso sabe bastante. ¿No le recuerda esto a su pasado, cuando entró en bancarrota?

Los retos son retos y no sabes cómo vas a salir de ellos. Te quedas mirando a la alfombra y piensas que has tocado fondo.Yo lo perdí todo, cada centavo, se lo llevaron todo, mis muebles, mis efectos personales. Fue una de las mejores cosas que me podían haber pasado, porque aprendí mucho. Lo superé con sentido del humor. Y empiezas a valorar lo que te queda.

¿Fue peor la bancarrota o el divorcio?

Creo que nada es tan terrible como una mala decisión en una relación.Las consecuencias son muy graves.

¿Qué espera de los hombres a estas alturas?

No mucho (dice riendo de nuevo) Estoy bromeando. Espero un poco más de mí misma, para ser sincera. Tuve una relación hace tiempo que se acercó a lo que espero volver a sentir de nuevo. Pero ahora he puesto reglas, que pasan por no proyectar mala energía en otro hombre sólo porque me han hecho daño en el pasado, no sería justo. También busco que me acepten como soy, tal cual.Quiero ser yo misma de nuevo.

¿Sabe mejor lo que es el amor después de todas sus andanzas?

Creo que no tenemos ni la más mínima idea de lo que es.

Dígame algo positivo de Obama.

Tengo muchas esperanzas depositadas en él, y en Michelle (Obama).Son nueva energía. Creo que su mandato tendrá impacto en todo el mundo. No podría sentir mayor sensación de esperanza.

Tenemos que hablar de cremas ¿Hasta qué punto confía en ellas?

Detesto la palabra natural, porque está demasiado usada, pero me gustan las cosas que vienen de la tierra y especialmente las que vienen del mar, porque tienen un valor añadido. En realidad, me dan cierto miedo las mezclas de químicos y el peligro de que me estalle en la cara. Por eso, sólo me fío de los ingredientes de Lancaster.

¿Es consciente de que cuando mencionen su nombre para situarla en la historia del cine, muchos se acordarán de Nueve semanas y media?

Lo que recuerden poco me importa. Estaré muerta para entonces.No sé muy bien cómo contestar esa pregunta Rezo cada noche para que este planeta, en el futuro, piense en algo más que en esa película.

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