12 febrero 2014

El cigarro eléctrico es perjudicial

El tabaquismo es una enfermedad adictiva y crónica que se mantiene merced a la dependencia física producida por la nicotina y a la dependencia psíquica generada por factores sociales, gestuales, sensoriales, etc. Aproximadamente el 33% de la población mundial es consumidora de tabaco, siendo la edad de inicio del consumo temprana, entre los 12 y los 20 años. Existe un buen número de enfermedades relacionadas con el tabaco. Toda patología respiratoria sufre un empeoramiento de su pronóstico como consecuencia de su consumo. De hecho, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC está causada directamente por el uso del tabaco. Alrededor del 15-20% de los fumadores desarrollarán esta enfermedad, que es la quinta causa de muerte en nuestro país. Además, su consumo aumenta el riesgo cardiovascular y la aparición de tumores, principalmente en pulmón, laringe, esófago y cavidad oral.

El conocimiento de los efectos nocivos del tabaco junto con la aparición de la Ley antitabaco (Ley 42/2010) y el alto precio de los cigarrillos han propiciado el abandono del hábito tabáquico en la población.

Los primeros cigarrillos electrónicos aparecieron en China en el año 2003, sin embargo, su consumo ha aumentado un 800% en los últimos años. Se estima que las ganancias a nivel mundial por las ventas de estos cigarrillos alcanzarán los 2.000 millones de dólares a finales de este año. El cigarrillo electrónico o e-cigarette es un sistema desarrollado con el fin de sustituir el uso del tabaco por este dispositivo. Disponen de una batería interna que suministra la energía necesaria para que un atomizador caliente la sustancia comercializada ó e-liquid. Este vapor reproduce a la perfección el humo del cigarrillo que se produciría con una calada del cigarro convencional.

Unos de los principales problemas con el que nos encontramos es el vacío legal y sanitario en el que se mueven estos dispositivos. La inexistencia de regulación en la venta de los cigarrillos electrónicos que se comercializan en nuestro país conlleva que puedan encontrarse composiciones del e-liquid muy variables. La mayoría contienen sustancias saborizantes, extractos herbales y nicotina en diferentes concentraciones. Sin embargo, en estos líquidos se han hallado sustancias tóxicas como glicerina, usada como humectante, y propilenglicol, una sustancia utilizada en algunos alimentos, en cosméticos, farmacia y hasta como anticongelante y que, inhalado, causa irritación de la vía aérea. La FDA (Food and Drug Administration), el organismo americano para la aprobación de fármacos, avisó que tanto en el líquido como en el vapor podían detectase trazas de sustancias como nitrosaminas y aldehídos, potencialmente cancerígenas a largo plazo. Debido a esto, países como Canadá y Australia han prohibido su comercialización.

Los estudios disponibles en la actualidad, dado que el uso de estos dispositivos es muy reciente, muestran únicamente resultados a corto plazo. El "vapeo" de estas sustancias durante 10 minutos aumenta inmediatamente la resistencia de la vía aérea, dificultando el paso de aire a los bronquios. Por tanto, el efecto del "vapeo" es exactamente igual al del humo del cigarrillo convencional. Sin embargo, sí parece que pudiera tener un cierto papel para conseguir la abstinencia del tabaco. En el último congreso de la European Respiratory Society, un estudio comparativo entre los cigarrillos electrónicos y los parches de nicotina, mostraba resultados similares sobre la eficacia de ambos métodos para alcanzar la abstinencia tabáquica a los 6 meses.

Otros datos publicados en la revista American Journal Preventive Medicine sobre un estudio realizado en EEUU, Reino Unido, Australia y Canadá confirmó que los jóvenes eran los mayores consumidores de estos dispositivos y los que más conocimiento tenían sobre ellos: el 79,8% lo usaban al consideraban menos tóxicos, el 75,4% lo hacía como ayuda para reducir el consumo tabáquico y el 81,5% los usaban para dejar de fumar. Dada su creciente popularidad y el hecho que se comercialicen como alternativa a la terapia anti-tabáquica convencional, hace necesaria su regulación así como la realización de programas educativos que posicionen su uso.

Por todo esto, actualmente desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), la European Respiratory Society (ERS) y la American Thoracic Society (ATS), no se puede recomendar el uso de los cigarrillos electrónicos como alternativa a la deshabituación tabáquica ante la falta de evidencia científica que avale su seguridad a largo plazo. Lo recomendable, siempre que se quiera dejar de fumar, es buscar consejo médico y optar por las terapias existentes que sí han demostrado eficacia fundamentada en una contundente evidencia científica.

Neumóloga del Hospital General de Valencia y máster en tabaquismo por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.

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