12 junio 2014

El romance entre Jackie y Onasis

Pero Jackie ha sido una de esas mujeres fuertes, como la de la Biblia, que no sólo son capaces de soportarlo todo, sino que, como juncos, pueden doblarse ante las tempestades de la vida pero nunca romperse. 

Su hermana Lee, una lagartona que había querido casarse con Onassis, con quien mantenía una buena amistad, le pidió al armador que invitara a Jackie, que estaba sufriendo mucho por la muerte de su hijo, a un crucero por las islas griegas. Y como se trataba de la primera dama de los Estados Unidos, país donde Onassis tenía tantos intereses, no sólo se sintió honrado, sino que puso a disposición de la señora Kennedy su lujoso yate «Cristina». 

Al presidente no le agradó la idea, ya que no tenía un buen concepto del «griego de oro», a quien consideraba un extranjero de mala reputación, dudosa trayectoria humana y hasta profesional, y que había sido objeto de investigaciones criminales del Departamento de Justicia. Además, Onassis acababa de divorciarse de su esposa, Tina, y tenía un apasionado romance con María Callas. 

El «Cristina», algo más que el barco de placer más lujoso del mundo, fue el escenario del comienzo de una gran amistad entre Jackie y Ari, amistad y crucero que se vio interrumpido cuando un fotógrafo, desde un barco pesquero, obtuvo una foto de la señora Kennedy tomando el sol en bikini junto a un Onassis en bañador. Cuando el presidente vio la foto publicada, montó en cólera e instó a su esposa a regresar inmediatamente. Pero ella hizo caso omiso durante unos días. 

Cuando al fin se marchó por la insistencia del presidente, recibió como regalo del «griego de oro» un collar de diamantes y rubíes de incalculable valor. Pero a pesar de todo esto y a pesar de los pesares, Jackie y Ari no volverían a reencontrarse hasta bastante después de la muerte del presidente, el 22 de noviembre de 1963. Fue allá por agosto de 1967 cuando la viuda de Kennedy y, por invitación de Onassis, no sólo comenzó a visitarle en Skorpios, sino también en su piso de la avenida Foch de París. Se les podía ver en los restaurantes de Nueva York, Morocco y 21 así como en el Dyonisius y el Mykonos, dos restaurantes griegos en los que les gustaba comer. 

Una indiscreta declaración de Ari a la prensa sobre Jackie, («Ahora que ha quedado despojada por completo de su misterio, necesita de un pequeño escándalo para hacerla revivir») precipitaron los acontecimientos. Bob Kennedy, disgustado, habló con su cuñada que le confesó que Onassis y ella habían hablado de matrimonio. Robert le pidió que esperase hasta que terminaran las elecciones presidenciales, a las que él concurría como futuro ganador llevando a Jackie como bandera. Jacqueline le hizo caso. Pero el 6 de junio de 1968, Robert F. Kennedy moría asesinado por el palestino Sirham Sirham. 

Para Jackie, una aterradora copia exacta del trágico destino de su esposo. Muerto éste y también su cuñado Robert, Jackie no se sentía atada al clan y decidió casarse con Aristóteles Onassis. La última en enterarse fue Rose Kennedy, la gran matriarca de la familia: «Cuando mi hija Jean me llamó una mañana de octubre de 1968 y me dijo que Jackie iba a casarse con Onassis, mi sorpresa fue completa. Pensé en la diferencia de edad. Y también en la diferencia de religión pues él era ortodoxo griego. Y en el hecho de que él estuviese divorciado. Me pregunté si la Iglesia podría considerar válido este matrimonio. 

Pensé en Carolina y en John y si podrían aprender a aceptar a Onassis en el papel de padrastro. Hacía cinco años que mi hijo Jack había muerto, así que ella había tenido tiempo de sobra para pensar bien las cosas, debía tener muy buenas razones. Me sentí más tranquila cuando durante nuestra charla me dijo que había consultado con el cardenal Cushing y que él le había dado su bendición». El cardenal Cushing, a través de la Prensa, habló también a su favor: «Mi consejo a la gente es que debe de dejar de criticar a esta mujer. Ha tenido una enorme carga de tristeza en esta vida y merece toda la felicidad que pueda conseguir». Jackie invitó a su suegra, que prefirió no ir. Pero sí lo hicieron sus cuñadas, Pat y Jean, que eran, por edad, las más próximas a Jackie. La boda se celebró el 20 de octubre de 1968. Un ejército de periodistas nos dimos cita en la aldea de pescadores de Nidri. 

Ante nuestra presencia, Jackie nos hizo un llamamiento: «Queremos que nuestra boda sea un momento privado en la capillita, entre los cipreses de Skorpios, y que sólo asistan nuestros hijos y nuestra familia».

Pero ante el temor de que los periodistas asaltaran Skorpios, Onassis pidió ayuda al Gobierno griego que dispuso de todas las medidas para que ni una sola embarcación se aproximara a menos de mil metros de la isla. La ceremonia tuvo lugar a las cinco de la tarde en «la capillita», entre buganvillas y jazmines. La novia llevaba un conjunto de manga larga diseñado por Valentino. 

Sus cabellos estaban recogidos por una cinta color marfil. El novio, de traje azul marino cruzado. La ceremonia fue de rito ortodoxo, la religión del novio, y, como es obligado, la pareja danzó alrededor del altar en el baile de Isaías, fueron coronados y bebieron tres sorbos de vino tinto de un cáliz de plata. La recepción y la noche de bodas tuvo como escenario el «Cristina» a cuya cubierta se asomaron para que los reporteros les pudiéramos ver y fotografiar desde las modestas barcas de pescadores. 

Al día siguiente, el New York Times recogía la noticia de la siguiente forma: «La reacción es aquí de cólera, desconcierto y consternación». El Daily Mail: «Jackie desposa cheque en blanco». El Messagero, de Roma: «Jack Kennedy muere hoy por segunda vez». El BildZeitung, de Alemania: «Norteamérica ha perdido una santa». LOj'servatore della Domenica: «Esta mujer vive ahora en un estado de degradación espiritual, es una pecadora pública». Alejandro Onassis: «Mi padre necesitaba una esposa pero yo no necesito una madrastra». María Callas.: «Jackie ha hecho bien en darle un abuelo a sus hijos». Coco Chanel: «Todos sabían que ella no estaba hecha para la dignidad». 

Los escasos siete años que duró este extraño matrimonio no le reportaron a Jackie otra cosa que poder hacer efectivo aquel cheque en blanco. Para Aristóteles fue el peor negocio de su vida.

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