07 mayo 2015

Anni B. Sweet y Granada

Es difícil hablar de un lugar donde no has vivido más de dos años; yo necesito tiempo para entender las ciudades. 

Pero hay cosas que sí puedo decir de Granada. Por ejemplo, que es realmente especial y está llena de misterio. 

Como si entrases en un túnel a plena luz del día y allí experimentases sensaciones maravillosas que han estado esperándote desde hace mucho tiempo.

Recuerdo cuando llegué. Iba con alguien por la calle y siempre me contaba historias de cada fachada, cada rincón… 

Y la sensación más fuerte que yo tenía era la de que nada estaba allí por casualidad, que todo pertenecía a una historia y que todas ellas acababan confluyendo de una u otra forma en aquellos espacios, aunque se hubiesen desarrollado en diferente tiempo.

Granada existe en sus parques y en las angostas calles que los abrazan, y en sus mil cuestas y curvas, haciéndote ver que no quiso ser fácil. Te transmite, de hecho, que si vas conociéndola más no es porque ella se muestre.

Después de todo lo que ha vivido, la ciudad parece tranquila y orgullosa. He sentido su energía extraordinaria. Aquí he compuesto y grabado casi entero mi álbum Chasing Illusions, porque Granada está llena de lugares que me colman de sensaciones que luego me ayudan a escribir.

Uno de estos sitios es el Carmen de los Mártires, un espectacular jardín histórico de vistas preciosas y mil historias dramáticas que contar. Está situado en la colina del Mauror, dentro del recinto de La Alhambra. 

Tiene jardines románticos, un palacete, huertos y ofrece una panorámica única de Sierra Nevada y de la propia ciudad. Comenzó siendo el recinto donde los cristianos sufrían martirio por parte de los árabes (debido a ello lo llamaban el Corral de los Cautivos) y visitarlo es una experiencia donde se mezclan las sensaciones producidas por la belleza del lugar y el eco de su dramática historia.

Dicen que la tristeza inspira más a la hora de componer. Yo así lo creo. Y sin ser Granada un lugar triste, su lado melancólico tiene para mí un enorme encanto. Ahí está el Paseo de los Tristes que, como su nombre indica, no te llevaba en su momento a ninguna parte donde quisieses estar, ya que era el camino del cementerio. 

Para mí es uno de los lugares más bonitos. Sobre una cuesta, a un lado tiene el río Darro, con la montaña y la Alhambra asomando en lo alto y, en la otra vertiente, casas, algunas históricas como una vivienda del S.XVII donde antaño se celebraban espectaculares fiestas. 

Me gusta pensar en todo esto cuando camino por allí. Muy cerca, el Camino del Avellano, un paseo que te lleva hasta lo alto de la montaña, con alucinantes vistas de la zona del Albaicín y el Sacromonte.

Me resulta difícil, y eso que llevo poco en Granada, elegir mis zonas preferidas de la ciudad, sobre todo las que son de pasear y observar; aquí, unas vistas espectaculares te conducen a un callejón con encanto, ese, a una fachada preciosa... 

Hay un edificio bajo con el frente totalmente pintado por el grafitero El Niño de las Pinturas que me encanta  (se puede ver un mapa con todas sus intervenciones sobre muros granadinos en elninodelaspinturas.es/index.php/mapa). 

También me gustó mucho encontrarme al llegar con un retrato de Joe Strummer, de los Clash, pintado en una de las paredes de la placeta que lleva su nombre (cerca de la cuesta de Escoriaza).

Por supuesto, Granada no tiene solo vistas, caminos, jardines y monumentos, también sitios estupendos para celebrar. Dos de mis restaurantes preferidos son Baltanás y El Trillo. El primero está algo apartado del centro y posee un toque interior rústico que contradice su carta, donde lo clásico se mezcla con la nueva cocina. 

Entre mis platos predilectos, unas alcachofas al Pedro Ximénez, un teriyaki de atún o camembert frito con jamón y melón en salsa de arándanos. Además, ponen buena música y hay un gran ambiente, por no hablar de las tapas elaboradas que te sirven al pedir una caña. 

Esto es muy típico de la ciudad, pero en este lugar son realmente espectaculares. El Trillo, por su parte, se encuentra en el Albaicín, en todo lo alto, con vistas a la Alhambra y comida siempre muy buena. Está decorado con plantas y casi parece que te encuentras en un parque precioso.

En el centro de la ciudad he pasado muy buenos ratos en el Bar Soria. Es un local pequeño, familiar, no sé cuántas veces he comido con las tapas que acompañan a cada caña.

Debo confesar que cuando llegué a Granada pensé que sería difícil encontrar tiendas especiales en música y ropa. Cuesta creer que entre tantos edificios históricos y tradición puedas hallar tiendas con ese tipo de cosas que podrías comprar perfectamente fuera de España e incluso fuera de Europa.

Ese contraste me encanta. De hecho, aquí están algunas de mis tiendas preferidas, como Marcapasos, donde ofrecen lo último en música nacional e internacional, desde lo más alternativo a lo más clásico. Allí te atenderá Pepe y, si se lo pides, te recomendará grupos del estilo que vayas buscando. También Discos Bora Bora, que a veces organiza pequeños acústicos en el local.

En cuanto a ropa, hay varias tiendas de segunda mano donde siempre me gusta curiosear, ya que suelo encontrar buenas prendas. Una de las mayores es La Buhardilla, en la plaza de La Universidad.

Lleva muchos años vendiendo a otras tiendas, y no solo de Granada. Son expertos en estilo retro y tienen de todo y muy bien cuidado. En la misma zona está Oh Oh July, otro de los locales de ropa vintage que me gusta visitar, en la calle Fábrica Vieja.

Por supuesto, no puedo despedirme sin hacerlo como lo he hecho alguna que otra noche, en uno de los pocos bares a los que me gusta ir, Ruido Rosa, en la calle Sol, 18. Se trata de un lugar mítico de la noche granadina, nacido en 1987. Por aquí han pasado todos los artistas actuales, y no tanto, del panorama nacional e internacional. Allí siempre disfrutarás de buena música, que es como yo quiero acabar el día.

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