28 diciembre 2015

El Youtube del asesinato de Colosio

He visto en mi vida de mirón pocas cosas más estremecedoras que el youtube del asesinato de Colosio, aquel candidato presidencial del PRI que murió de un tiro en las Lomas Taurinas de Tijuana el 23 de marzo de 1994. El vídeo dura 1' 29" y muestra el recorrido entusiástico del candidato, a pie, entre un estrecho callejón de pueblo. Llueve el confeti, se oyen las risas y suena La Culebra, una vieja cumbia en su remake tecno a cargo de la célebre Banda Machos. 

A los 37 segundos aparece un revólver, un revólver perfecto, como de juguete. Sobre el estruendo de cumbia se oye con nitidez el tiro a quemarropa en la cabeza del candidato. Y luego una voz en off que dice algo que no entiendo, y que deduzco que parece estupefacta por lo que acaba de pasar. Colosio ha debido de caer al suelo. La cámara hace varios movimientos ininteligibles y unos hombres se arremolinan junto al cuerpo. Lo espeluznante es que la cumbia sigue. Hay un hombre muerto de un tiro pero la cumbia sigue, probablemente porque el que controla el sonido del acto no sabe aún lo que ha pasado. El disparo se ha oído al pie del estribillo, concretamente en las frases, «huye José, ven pacá». 

Aunque dadas las características de la cumbia lo realmente difícil era no pisar mierda. Oye lo que dice: «La gente salió huyendo/ mirándome enojado/ Toditos asustados comenzaron a gritar: 'Huye José,/ ven pacá'/ Cuidado con la culebra que muerde los pies/ Ay, si me muerde los pies». Entre las especulaciones sobre el asesinato señalaron de inmediato la relación que habría entre la elección de la cumbia, su letra y el momento del disparo. Yo qué sé. Se trataría de una obviedad repulsiva. Pero lo peor que tienen los criminales, contra lo que intentan transmitir sus apologistas, es que son muy obvios. Entre el momento del disparo y el silencio de la cumbia pasan 30 segundos. Obsérvalo despacio, querido amigo: verás que durante ese medio minuto aún discurre la ficción. Pero cuando el silencio se instala ya no hay duda. Acaban de matar a un hombre.

Colosio vuelve ahora a México por dos razones. Dentro de tres semanas hay elecciones: el candidato favorito aún es el del PRI. Y hoy estrenan una película sobre su asesinato. Un asesinato inmortal. Mi amigo Ricardo Cayuela tiene la teoría de que con él se desencadenó la violencia en México. Si mataban a Colosio todo era posible. Fue, además, un asesinato juzgado con los dudosos mecanismos de la justicia priísta. Pero cuyas limitaciones debe tratar de corregir el ojo de Warren y no esos distribuidores de niebla, tan atmosféricos, de la afamada casa Oliver Stone. No he visto la película ni maldita falta. Me basta con este párrafo del diario La Jornada: «Con la firme intención de abordar sucesos del pasado inmediato en la historia del país, la película Colosio. 

El asesinato, que se estrenará el próximo 8 de junio en cines de la Ciudad de México, apuesta por el derecho a la información a partir de la mezcla de la ficción y los hechos reales». Lo apreciarás: ¡Qué maravillosa definición del derecho a la información moderno!

El asesino de Colosio se llama Mario Aburto y cumple condena de 50 años en un penal de Jalisco. La sentencia establece que, por así decirlo, actuó solo y descarta cualquier conspiración institucional, del propio PRI o de cualquier otro poder del Estado. ¡Pero, quia..., va a arredrar eso a los muchachos! 

La película está basada en esa supuesta conspiración, y ahí tienes lo que dijo su director Carlos Bolado, con entrañable transparencia: «Ésta es una buena fecha para llevar la película a la pantalla grande, ya que están cercanas las próximas elecciones federales y debemos tomar en cuenta que el voto debe ser informado». Es decir, la película, ¡una ficción!, quiere influir sobre la decisión de voto, y probablemente lo hará.

Ésta es, desde luego, la razón por la que he puesto una vez más a tu consideración el enojoso, pero cada vez más vertebral asunto, de los cruces entre realidad y ficción. Que la ficción produzca efectos reales es el único motivo que lleva a tomarla seriamente. Y en este sentido Colosio. El asesinato no es una novedad. La novedad es que esta «ficción basada en hechos reales» contradice la verdad judicial establecida sobre el asesinato de Colosio, y lo hace con la magnífica y vil impunidad a que la ficción se acoge. Si los promotores de la película hubiesen exhibido sus tesis en algún ámbito donde rigiera el pacto de la veracidad, se habrían visto obligados a presentar sus pruebas y a documentar sus afirmaciones, so pena de verse llevados a juicio. Pero la ficción les exime. 

Observa bien el animalito pleonásmico: basado en hechos reales. Ante el público, el tal Bolado remarca los hechos, porque así funciona el comercio; ante el juez remarcaría la ficción, no fuera a costarle caro el negocio. Y es que en nuestra época la moral depende.

Así pues, sólo hay una solución, en nombre del Estado de Derecho. Prohibir la exhibición de Colosio. El asesinato y perseguir judicialmente a sus promotores si insisten en divulgar sus manejos ficcionales. Y hacer lo propio con cada asunto donde la veleidad ficcional desafíe la verdad anteriormente establecida en un juicio, siempre y cuando exista, claro está, un perjudicado que levante la mano. Creo que en este caso son los ciudadanos mexicanos los que deberían levantar la mano. La ficción ha conseguido su sucio propósito de entreverarse con la verdad. De acuerdo. Ha llegado el momento de reconocerle su estatus y de tratarla como pide y merece. Una ficción que utiliza nombres propios y hechos identificables para socavar la legitimidad de una sentencia no es una ficción, sino una calumnia y como tal debe ser manejada.

Basado en hechos reales, ésa es nuestra culebra.

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