Dede Harris e Ian Somerhalder

Vestida de cuero negro, con la sonrisa postiza y la mano fácil, Dede Harris se hizo fotos con decenas de actores y actrices a los que supo arrimarse más de la cuenta. A su 51 años, con fama de vividora y trasnochadora, Harris se había convertido en la invitada indispensable de todo show, evento o fiesta que se precie. Con ustedes, la productora que rompió los moldes de Broadway...

De la noche a la mañana, Dede Harris se ha convertido en la mujer fatal de una secuela en la vida real de The Producers, la reciente comedia escrita por Mel Brooks. Como tal, ha logrado que Peter Stern, coproductor de su última obra, la denuncie por «comportamiento sexual obsesivo y compulsivo» y le reclama cinco millones de dólares por daños y perjuicios.

Peter Stern no ha sufrido en carne propia los avances sexuales de la seductora de Broadway. Las víctimas han sido los jóvenes actores y actrices de Dog sees God (Perro ve a Dios), su último montaje teatral, que han huido en desbandada ante las descaradas insinuaciones -y algo más- de Dede Harris.

Según la peculiar acusación, Dede Harris hizo «propuestas sexuales a uno o más miembros del plantel masculino» y «tocó los pechos a una actriz». El coproductor ha aireado, de paso, los «antecedentes» por acoso de su ex socia y ha amenazado con hacer desfilar por el banquillo de los testigos a un largo elenco de actores.


El escándalo ha saltado a la primera página del New York Post, con foto de Dede Harris plantándole la mano en las posaderas a una de las actrices desertoras (Eliza Dushku) y una detallada lista de presuntas conquistas de sus avances: Gabriel Byrne, Aidan Quin, Ian Somerhalder, Joey McIntyre, Esai Morales, America Ferrera...

«Todas las acusaciones lanzadas contra mí son falsas al 100%», se defiende Dede Harris. «Todo esto es una simple venganza de un productor sin experiencia que ha perdido el dinero de sus inversores y que ahora me elige a mí como una cortina de humo para esconderse».

El duelo personal entre Harris y Stern ha estado a un paso de convertise en Balas sobre Broadway. Stern ha presentado a su ex socia como «una Heidi Feiss envejecida»; la productora le ha llamado «borracho fuera de control».

Dog sees God se ha hundido entre tanto en la cartelera y ha enterrado de un plumazo el pasado glorioso de Harris, que conquistó un premio Tony en 2001 por el remake de Alguien voló sobre el nido del cuco y dio toda una campanada hace tres años con el musical Hairspray.

Hay quien quiere ver tras lo ocurrido la mano oscura del machismo rampante en Broadway, incapaz de digerir el irresistible ascenso de esta mujer, cuyo único mérito antes de convertirse en productora fue la de estar casada con un dentista que era multimillonario.Después, Harris se colocó detrás de algunos de los montajes más audaces de estos últimos años, como The exonerated, la obra inspirada por el testimonio de inocentes en el corredor de la muerte.

Los detractores de Harris afirman, sin embargo, que algunos de sus exitosos montajes no han sido más que mascaradas con las que granjearse los favores de actores como Gabriel Byrne. La seductora de Broadway los prefiere sin embargo más jóvenes que el actor irlandés, compañero suyo de generación. Será por eso que otra de sus supuestas víctimas fue Joey McIntyre, el protagonista cañón de otras de sus últimas producciones, Tic, tic... Boom.

Según un testimonio anónimo recogido por el New York Post, Dede Harris «se infiltra constantemente en los camerinos, vestida siempre de una manera provocadora, como es propio de una mujer mucho más joven que ella». A nadie, por cierto, le ha chirriado el tono sexista del comentario.

Por contra, el público de las páginas de cotilleo de la prensa neoyorquina se ha deleitado con las noticias del último y más sonado avance de la productora. Ocurrió, al parecer, sobre la piel musculosa y los ojos líquidos de Ian Somerhalder, 23 años más joven que ella. Somerhalder, por cierto, es titular de un papel en esa historia por su condición de estrella frustrada de la malograda Dog sees God (inspirada en los personajes de los cómics del genial Charles Schulz). El caso es que Carl White, otro de los coproductores del musical, afirma que Harris tenía una fijación con el joven actor y que porfió hasta alcanzar su objetivo.

El problema, asegura, es que esa obsesión sexual acabó dinamitando la obra desde dentro. Tras la marcha del actor, las dos actrices principales del reparto -Eliza Dushku y America Ferrera- cayeron en las garras omnívoras de Harris y decidieron marcharse del teatro también por la puerta de atrás.

Quién sabe si el enredo de la productora le servirá de inspiración al autor de la obra original, Bert V. Royal, que ha decidido hacer las maletas y marcharse de Broadway Avenue: «Antes me daba miedo Hollywood, pero después de lo que he visto por aquí, prefiero escribir guiones para el cine».

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