11 julio 2013

Un juego de ricos

Explica Boggis-Rolfe: «No hay una ley de libertad de expresión en Inglaterra porque no tenemos una Constitución escrita. Pero nuestra tradición dicta que todo lo que no se prohíbe, se permite, y no veo la necesidad de una codificación de la ley contra la difamación». Al contrario, para él, «la mayor injusticia en el sistema legal inglés» es el hecho de que el libelo es «un juego de ricos». El demandante tiene que sufragar los gastos del pleito, ya que un individuo no tiene derecho a ayuda financiera del Estado (aunque este derecho ha sido pedido por varios comités oficiales). 

No obstante, muchas veces son justamente los que tienen dinero para el pleito -los Jeffrey Archer, Elton John, Jason Donovan- los que no sólo pueden pagar sin dificultad los gastos legales en caso de perder, sino, además de salir victoriosos, les son adjudicadas compensaciones, que, para mucha gente, son poco equitativas. Mientras tanto, la Espada de Damocles está suspendida sobre la Prensa. No sólo amenaza la existencia de las publicaciones menos fuertes, sino que puede conducir, en teoría, al encarcelamiento del director, editor y periodistas, en una demanda por difamación criminal. Hay que subrayar que los casos de libelo criminal son rarísimos hoy en día en Inglaterra -la mayoría son pleitos civilespero todo periodista tiene que pensárselo más de dos veces antes de publicar lo que sea. 

Como dijo otra víctima financiera del sistema, Ian Hislop, director de la revista satírica e investigadora, Private Eye, en 1989, después de ser condenado a pagar 600.000 libras esterlinas a Sonia Sutcliffe, la esposa del llamado «destripador de Yorkshire» (luego los daños fueron reducidos a 60.000 libras en el Tribunal de Apelación): «Si esto es justicia, yo soy un plátano».

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