05 agosto 2013

Jessica Lange se destapa

Jessica Lange y Jack Nicholson sobre una mesa llena de hogazas de pan mientras un cartero llamaba dos veces, Kathleen Turner y William Hurt con fuego en el cuerpo y en una ba√Īera sin espuma, Melanie Griffith sin ropa en cualquier fotograma de La noche se mueve, Susan Sarandon exprimiendo limones sobre su torso frente a la ventana de un hipnotizado Burt Lancaster residente en Atlantic City, Kim Basinger y ciertos jugos naturales sobre diversas zonas de su cuerpo a lo largo de nueve semanas y media...

Hace dos d√©cadas largas, el cine norteamericano cre√≥ secuencias intensamente sexys que han quedado grabadas en las retinas de los espectadores. Pero m√°s de 20 a√Īos despu√©s, la posibilidad de rodar escenas er√≥ticas con actrices consagradas y maduras parec√≠a -tras los √°ridos y pacatos a√Īos 80 y 90- un cap√≠tulo cerrado de la historia del cine.

Pero, el siglo cinematogr√°fico se despide con excelentes noticias. El erotismo en la pantalla regresa y en el siglo XXI se promete mucho m√°s. Sus dos primeras abanderadas -despu√©s de Sharon Stone (41 a√Īos) y Kristin Scott-Thomas (39 a√Īos)- son dos actrices maduras: la norteamericana Ren√© Russo y la vallisoletana Concha Velasco.

Ambas, a bordo de El secreto de Thomas Crown y Par√≠s-Tombuct√ļ, se desprenden con alegr√≠a de ropa y prejuicios frente a Pierce Brosnan y Michel Piccoli.

Russo y Velasco (45 y 59 a√Īos) son lo mejor de dos pel√≠culas que retoman el agradable aroma de la a√Īorada d√©cada de los 70, los √ļltimos retoces filmados sin la amenaza del sida.

¿Por qu√© regresa el erotismo cinematogr√°fico en el umbral del tercer milenio? El director de la Mostra veneciana, Alberto Barbera, apunta una reflexi√≥n: «El actual fermento er√≥tico en el cine es un claro signo de este tiempo. Los a√Īos 70 supusieron la liberaci√≥n sexual; los 80, el miedo al sida; y ahora, al final del milenio, se indaga desde una perspectiva secreta y velada, las fantas√≠as y las pasiones inconfesables».

Sin ir m√°s lejos, hay mucho de eso en «la pel√≠cula de la d√©cada»: Eyes Wide Shut, el p√≥stumo Kubrick, aunque por una raz√≥n: pese a los incontables integrales y el brav√≠simo desnudo f√≠sico y psicol√≥gico de Nicole Kidman, se trata de la obra final de un cineasta sexagenario fiel a un relato freudiano del siglo XIX, anclada visualmente en una est√©tica anticuada perteneciente a los a√Īos 60.

Sin embargo, hay poco de fantas√≠a velada y mucho de pasiones confesadas en Par√≠s-Tombuct√ļ, la √ļltima pel√≠cula de Luis Garc√≠a Berlanga, que comparece no s√≥lo como testamento cinematogr√°fico de un lib√©rrimo cineasta de 78 a√Īos, sino como la pel√≠cula m√°s furiosa, radical y expl√≠cita del √ļltimo cine espa√Īol, la estruendosa traca final de una falla valenciana.

Un manifiesto tan libertario no hubiera sido posible sin la complicidad de viejos amigos y actores. Como la de Concha Velasco, una actriz que el 29 de noviembre cumplir√° oficialmente 60 a√Īos, y cuyo trabajo en el filme, como una hija ileg√≠tima del torero Manolete, es una demostraci√≥n expl√≠cita de que la belleza y la veteran√≠a son la espl√©ndida expresi√≥n de una actriz.

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