22 noviembre 2014

Las pelirrojas son putas o brujas

Pasado el tiempo, la Inquisición no hizo sino ahondar en el mito: en el Manual del Inquisidor, un libro del siglo XIV, uno de los elementos que ya califican al reo de hereje y mentiroso, símbolo de condena clarísima, era el ser pelirrojo. Y en la literatura e iconografía del siglo de Oro, con pintar o describir a alguien con el pelo de este color ya no hacía falta decir nada más. Un ejemplo lo encontramos en Quevedo y en su descripción del Licenciado Cabra en El buscón: "… cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay qué decir para quien sabe el refrán: ni gato ni perro de aquella color". En fin.

En el siglo XX, la llegada del color a Hollywood dio nuevas alas al mito, especialmente con las mujeres. "Si, anteriormente, las pelirrojas eran consideradas putas o brujas, en el cine se les dan los personajes de mujeres o bien de mala nota o bien de malvadas que subyugan a quienes caen en su órbita -señala Pepe Rodríguez-. Y, en cierto sentido, parte de esa idea ha seguido prevaleciendo: el pelo rojo ha cosificado a la mujer, reduciéndola a su cabello, y tiene que ver con esa corriente de siglos y siglos que simboliza el mal y el sexo, que en nuestra cultura ha estado etiquetado como algo maligno".

Todas estas claves pueden tal vez ayudarnos a entender el porqué todavía hoy se sigue catalogando a la mujer pelirroja como pasional y devorahombres. Bien, es un tópico, sí, pero no falta quien ha tratado de darle un cierto barniz científico: el sexólogo alemán Werner Habermehl investigó sobre la vida sexual de cientos de mujeres y encontró que "las pelirrojas eran las más activas sexualmente". A su juicio, "están a la altura de su reputación". Y Scott Barry Kaufman, profesor de Psicología de la Universidad de Nueva York, sugiere que, puesto que la variante genética de los pelirrojos es tan rara, estos genes podrían haber hecho sus cuerpos más calientes que los de las personas con otro color de pelo…

Entretanto, ¿qué piensan las interesadas? Una ojeada por los foros y los blogs de Internet nos revela un par de cosas: la primera es que, habitualmente, las chicas pelirrojas han sufrido en su infancia por su condición; la segunda, que, a medida que se hacen adultas, descubren las ventajas de ser diferentes. Así, Kiku Montejo escribe: "Nací pelirroja. He tenido esa suerte… Aunque os confesaré que no siempre me sentí tan afortunada: en mi infancia fueron muchas las ocasiones en las que volví a casa llorando por ser objeto de burla.

Ni siquiera había llegado a la adolescencia cuando ya sentía el tremendo orgullo de ser pelirroja: aprendí a saborear el placer que se obtiene siendo diferente". Girl43 se lamenta por tener "el pelo rojo caoba, todos se burlan de mí y no hay producto que consiga ponerme bonita, me siento inferior a los demás, no puedo teñirme porque no me dejan, ser pelirroja es ser una fea", a lo que Lismy le responde: "¿Cómo que te sientes fea? Yo soy pelirroja y me siento hermosa. Quienes te critican son unas envidiosas, hay más de un millón de personas que desearían tener el cabello rojo natural y se lo pintan".

Efectivamente, Lismy tiene razón: cada vez son más las féminas que se tiñen. "Es tendencia", asegura a Magazine William Selley, estilista de color de la casa John Frieda. "Tiene mucho que ver con lo que está pasando con las celebrities y la sociedad en general. Por ejemplo, cuando Rihanna se tiñó de color rojo brillante, fueron muchas las mujeres que comenzaron a experimentar y a teñirse del mismo color que ella. 

En nuestros salones, sin duda, hemos tenido a más clientas preguntando por estos tonos". (Por cierto, Selley confirma que "el pelo rojo tiene su estereotipo: las mujeres con este color son explosivas, poderosas y con fuerte carácter. Creo que algunas de las pelirrojas siguen este legado a pies juntillas").

Mientras el boom de las celebrities pelirrojas es reciente, la demanda de mujeres que se quieren volver cobrizas ha ido aumentando en los últimos 30 años. "Curiosamente, desde finales de los años 70, muchas feministas se han teñido el pelo de rojo -señala Pepe Rodríguez-. Puede que fuera un signo de provocación relacionado con todo este mito de la pelirroja comehombres: de una forma un tanto no consciente, se lo han teñido de un color violento para los usos habituales, contrapuesto a lo convencional". Al mismo tiempo, cada vez son más las mujeres que piden estos tonos, "tal vez llevadas por la idea de apariencia de leona; al fin y al cabo, una mujer pelirroja tiene un porte, casi una agresividad, que no tendría de otra manera -continúa Rodríguez-. 

Es factible que, a partir de cierta edad, cuando empieza a correrse el riesgo de la invisibilidad, una mujer busque ser visible y, de modo probablemente inconsciente, busque también ser deseable". Y así, en esa búsqueda de la visibilidad y de la deseabilidad, el mito de la cabellera rojiza se volvería a reinventar una y otra vez, transformando no sólo a la mujer corriente, sino también a las más sofisticadas reinas del glamour.

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