01 abril 2012

Carta a Clarin

Admirado Clarín: me gustaría tener su capacidad de crítico venenoso para enjuiciar la adaptación que de La Regenta han perpetrado en el Canal. En teatro, usted lo sabe, ni la acción puede ir contra el texto ni la palabra afirmar lo que la realidad física niega. Mariona Ribas es guapa y todo lo buena actriz que la reconversión de Ana Ozores le permite; pero está lejos de la deslumbrante mujer que trae de cabeza a la rancia sociedad de Vetusta y al Magistral.

El semidesnudo de un polvo de urgencia en un sofá, un rapidillo con Alvaro Mesía, lo atestigua. Tomo esta versión por el lado más favorable: sátira y vilipendio de la telebasura, en la que igual vale el venerable culo de la Milá, que el culo frutal de una ninfa con aspiraciones; casquería de entrepierna sin la primavera gozosa del erotismo. Marina Bollain retrata el inframundo de un infraperiodismo. Chapeau por esa intención didáctica, si la hay. Y maneja bien los distintos focos de la acción dramática. 

Para que usted se haga una idea, señor Clarín, lo que sucedía en un confesonario ocurre ahora en un plató de televisión; el Magistral, Fermín de Pas, cambia a psiquiatra, más taimado y manipulador que los viejos confesores, y doña Paula Raíces muda en esposa, víbora y celosona, del psiquiatra. 

En consecuencia, la conciencia interior, piedra de toque del verdadero actor, se convierte en espectáculo. Y la médula dramática de un conflicto, en chismorreo de descerebrados. Los intérpretes reproducen el guirigay faltón de un plató, el escándalo deja de ser escándalo y el pecado deja de ser pecado. Y sin la idea de pecado no hay morbo ni erotismo liberador y fecundo. 

Un confesonario puede ser sacrílego. Los programas televisivos, cuyo formato ha elegido Bollain para modernizar La Regenta, son vomitivos. Al desaparecer el Magistral, desaparece uno de los elementos nutritivos de este texto -un poco folletinesco, pero implacable- víctima de la demolición escénica: la crítica a la Iglesia como tiranía moral y política. Es una modernez insensata con guiños progres. 

Boadella, director del Canal, cuyo Amadeu vetado en Barcelona se repone aquí, detesta, como yo, a los progres, aunque por motivos distintos; a él le parecen un peligroso poder fáctico y a mí una falsificación de la izquierda. La gauche divine, comparada con la izquierda caviar, era dinamita.

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