05 abril 2012

El tiron de Evita

Del réquiem sino con la irrupción en escena de Ricky Martin, que interpreta el papel del Che con un bigotito y unos tirantes de época.

No es la primera vez que el cantante pisa las tablas de Broadway, donde debutó en 1996 con un papel menor en Los miserables. Pero sí es su debut como protagonista de una obra que no se representaba en Broadway desde su estreno original el 25 de septiembre de 1979. 

Es inevitable comparar el Che del puertorriqueño con el de Antonio Banderas, que interpretó el papel junto a Madonna en la película de Alan Parker en 1996. Al cantante le distinguen de Banderas la ironía desafiante y la fluidez en la narración. Pero el español aportaba al personaje más presencia escénica y más sensualidad. Sobre todo en el baile final, 1.000 veces más descafeinado que el del celuloide pese a la cercanía intrínseca del teatro. 

Martin no es el único aliciente de la Evita de Broadway. El montaje lleva la firma del premiado Michael Grandage y evoca vagamente los contornos de la Casa Rosada. Los productores han añadido el oscarizado You Must Love Me de Madonna a la partitura original y han entregado el rol protagonista a la actriz argentina Elena Roger. Un riesgo en un entorno donde cuenta tanto el nombre como la calidad y donde los montajes suelen contar sus ingresos por el nombre de sus estrellas. 

A Roger la eligió para el papel el propio Andrew Lloyd-Webber. Pero no sin antes cerciorarse de que mejoraba su inglés e interpretaba el tema principal en su domicilio de Londres. Desde entonces, la actriz se ha forjado una carrera que la ha coronado como una estrella incipiente y la ha hecho acreedora de un Premio Oliver y dos papeles en el prestigioso teatro Donmar. 

Lo primero que sorprende de Roger es su talla, mucho menor que la de sus predecesoras Elaine Page, Patti Lupone y la propia Madonna. Pero la estatura no es un problema para la actriz, que interpreta a la esposa del general con una pasión inédita. Quizá porque el peronismo sigue siendo motivo de discordia en su familia y porque conoce los lugares donde se desarrolla la obra. 

El montaje, con un presupuesto de nueve millones de euros, tiene todos los elementos para triunfar. La proyección de las imágenes reales del entierro de Eva Perón, su transformación camaleónica y su improbable ascenso al poder y la inolvidable escena del balcón con su esposo ejerciendo de telonero. Pero incluye sorpresas para el espectador español como el despliegue de una bandera franquista gigante y la irrupción en escena de un Franco obeso y ataviado con un chaqué y un bigotón. 

Roger incorpora al papel cierto magnetismo. Pero su voz no es siempre la mejor para un papel que obliga a cualquier cantante a un esfuerzo sobrehumano. «Es un papel que sólo pudo escribir un hombre que odia a las mujeres», recuerda en sus memorias Patti Lupone, «yo canté mis números a gritos y sin el apoyo de los productores, que querían una estrella sobre el escenario, pero me trataban como una desconocida». 

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