22 marzo 2012

Devito un subversivo simpático

Desde hace algunos meses, diversos sectores conservadores de EEUU protestan por lo que consideran una cruzada de la izquierda encubierta bajo la inocente apariencia de las películas de animación. Así, se acusó a Happy Feet 2 de introducir a los niños un mensaje solapado en defensa del matrimonio homosexual, así como tesis socialistas. Un destino similar al que corrió la película de Pixar Cars 2. La última producción que ha sido señalada es Lorax. En busca de la trúfula perdida, adaptación de un cuento de Dr. Seuss (autor infantil muy popular en el mundo anglosajón, pero conocido en España sobre todo por El Grinch y Horton) con mensaje ecologista y con el italoamericano Danny DeVito como doblador de la bigotuda criatura protagonista. 

La película, que se estrena mañana en España, cuenta la historia de una ciudad en la que todo es artificial y no queda ni un árbol, por lo que hace falta comprar aire embotellado para hacer frente a la contaminación. Un joven decide ir en busca del último árbol, encontrándose con la historia del Lorax, protector de animales y plantas. 
DeVito visitó Madrid hace dos semanas para presentar un filme en el que también participan como dobladores Zac Efron (en su versión en inglés) y la cantante Angy (en la española). DeVito, por su parte, se atreve no sólo con su lengua materna, sino también con las versiones en otras lenguas, desde el alemán al castellano peninsular, pasando por el español de América. 

También se atreve el minúsculo actor con plantar cara a los que acusan a Lorax de «basura izquierdista y anticapitalista». La película, que se ha convertido en un enorme éxito de taquilla por donde se ha estrenado (pasando incluso por encima de la titánica John Carter), es, según DeVito, «tan sólo un entretenimiento que pretende abrir un diálogo entre padres e hijos sobre los recursos naturales y cuyo argumento fue escrito hace ya 40 años». «De todos modos», sigue el actor, «la cortina de humo no viene de la izquierda liberal, sino de la gente que paga por contaminar el aire y el agua, cortar los árboles y eliminar las selvas». 

Más allá de ser un rostro simpático reconocible en éxitos de los 80 como Tras el corazón verde y Los gemelos golpean dos veces, DeVito es también el responsable de películas como La guerra de los Rose y Matilda, en su faceta de director, así como de Pulp Fiction, Gattaca y Man on the moon, en tanto que productor. Pequeño en estatura, pero grande en experiencia, parece decir entre líneas cuando defiende de nuevo el mensaje de la película: «Quizás no haya un cambio climático, pero, hey, estamos a comienzos de marzo y hace bastante calor en Madrid, ¿no? Lo que quiero decir es que quizás haya algunos chavales que saquen unos cuantos pavos afirmando lo contrario, pero lo que importa es que todos contamos para decidir qué va a ser de este mundo». 

«¡Soy un capitalista!», dice tras una pausa dramática. «Lo soy, sí, pero no creo que sea justo tomar algo de la Naturaleza y no devolverlo nunca», prosigue explicando el actor mientras se descalza uno de sus antiestéticos zuecos de goma que cubren sus pies desnudos. A continuación se fotografía su extremidad como recuerdo de España. «Luego e preguntarán cómo es Madrid, pero lo único que podré decirles es que la alfombra era muy buena», explica, subvirtiendo las reglas de la visita turística.

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